Con seguridad alguna vez hemos oído en algún noticiero que determinado jugador de fútbol tiene una lesión en los meniscos y tendrá que estar marginado de las canchas durante un tiempo; o seguramente en la oficina usted se enteró que algún conocido tiene una lesión en los meniscos y lo tienen que operar. Pero, realmente ¿entendemos de qué se trata? ¿Qué son los meniscos? ¿Por qué son tan importantes?

Lo primero que tenemos que saber es donde se localizan, para que sirven y porque se deterioran.

Los meniscos son dos estructuras de fibrocartílago muy fuerte en forma de “C” interpuestos entre el fémur y la tibia y que son fundamentales en la biomecánica de la rodilla. Existe un menisco externo y otro interno con características anatómicas muy similares, pero desde el punto de vista histológico y estructural idénticos. El menisco externo es casi circular y el interno es un segmento de un semicírculo.

Desafortunadamente en la historia de la medicina no se les ha dado la importancia necesaria; hasta hace pocos años (léase bien -años-) se pensaba que los meniscos eran remanentes embrionarios de la rodilla sin función alguna o músculos intra articulares que no ayudaban mucho y aún peor: que no hacían falta. Por eso cuando una persona tenía dolor en la rodilla se la atribuían a los meniscos y los sacaban. Más adelante se daban cuenta que el dolor persistía a pesar de haberlos extraído y con el paso de los años la rodilla se desgastaba.

Gracias a los avances en la medicina hoy conocemos con exactitud cuales son las características funcionales de los meniscos y su importancia en la vida cotidiana y en especial el campo de la traumatología deportiva.

Cada vez que un futbolista corre los meniscos ayudan a soportar la carga del cuerpo sobre la rodilla, distribuyen las fuerzas, lubrican la articulación, la estabilizan y ayudan a que el movimiento de la rodilla sea armónico. Pero principalmente ayudan en conjunto con los ligamentos a que el cartílago no se desgaste. Es decir, previenen un envejecimiento prematuro de la articulación. Es por esto que no solo son fundamentales en la carrera deportiva de todo futbolista, sino realmente importantes en la calidad de vida que pueda llevar después de su retiro. Son tan importantes, que hoy en día se hacen trasplantes meniscales para prevenir el desgaste de la articulación.

Las lesiones meniscales pueden presentarse en cualquier zona del menisco, pero donde hay mayor vascularización y por lo tanto mayor potencial de cicatrización, el pronóstico es más favorable.

Ante una lesión meniscal el cirujano puede verse enfrentado a dos situaciones: extraer el fragmento roto del menisco o intentar suturarlo. En la primera el deportista podrá volver a jugar en algo más de una semana, pero las consecuencias las pagará en pocos años. En la segunda, si se le realiza una sutura meniscal, el futbolista tendrá que estar incapacitado durante 6 meses, que es el tiempo mínimo para que éste cicatrice y este listo para volver a soportar cargas. A pesar de este largo periodo marginado de las canchas, siempre se debe intentar reparar el menisco, independientemente de las presiones que ejerzan directivos, empresarios, patrocinadores o incluso el mismo jugador.

Se le deberá explicar la situación al futbolista y hacérselo entender hasta donde sea posible. Seguramente el médico se ganará más de un enemigo, pero con el paso del tiempo la rodilla se lo agradecerá.