Hasta hace poco tiempo la ruptura de uno de los ligamentos cruzados de la rodilla marginaban al deportista al retiro y a un abrupto final de su vida competitiva. Se decía: ….ha sufrido una lesión ligamentaria irreparable y no podrá volver a jugar fútbol… Sin embargo gracias a los avances en traumatología deportiva este tipo de lesiones hoy en día son sólo un “Stand by” en la carrera de un deportista.

La rodilla humana es más que una simple bisagra. Está conformada por el fémur, la tibia, la rótula y el peroné. Cubierta por una envoltura llamada la capsula articular que contiene al líquido sinovial que a su vez baña, nutre y protege al cartílago que es el que permite el movimiento entre los huesos. Pero como es que estos elementos óseos se mantienen unidos? Es aquí donde empiezan a tomar parte los famosos ligamentos y meniscos.

La rodilla tiene 4 complejos ligamentarios que la mantienen estable en todos sus planos. Dos que casi en su totalidad van por fuera de la capsula, es decir, extra-articulares y dos que van por dentro. Los dos primeros son el complejo ligamentario postero externo y el complejo ligamentario colateral interno. Y los que van por dentro son los famosos ligamentos cruzados: uno anterior y otro posterior; y cruzados porque uno va delante del otro y forman una cruz de San Andrés. A su vez cada complejo ligamentario está conformado por varias capas y haces que los hacen dinámicos, fuertes y fundamentales en el movimiento de la rodilla. Y los meniscos son dos estructuras de fibrocartílago muy fuerte en forma de “C” que están entre el fémur y la tibia y durante cada paso que se da soportan carga, distribuyen las fuerzas, lubrican, estabilizan y ayudan a que el movimiento de la rodilla sea armónico.

Debido a que es una articulación relativamente expuesta al exterior, es decir, no es una articulación profunda como la cadera, en la rodilla ocurren en todos los deportistas (aficionados y de alto rendimiento) un sin número de lesiones. Desde escoriaciones y contusiones que sanan sin intervención médica hasta rupturas ligamentarias, capsulares y luxo fracturas que pueden dejar una extremidad absolutamente irreparable y condenar al deportista al implacable retiro. Es por esto que ante un trauma deportivo, lesión o dolor después de actividad física se debe consultar al ortopedista para realizar el tratamiento adecuado. Sin importar si el lesionado es un deportista consumado o de fin de semana se debería tener una valoración médica, ya que hoy se conoce cual es el desafortunado final de una rodilla sin ligamentos o meniscos.

Gracias a los avances médicos, en especial en el campo de la traumatología deportiva y la rehabilitación, hoy en día se pueden reparar mediante técnicas artroscópicas y pequeñas incisiones la gran mayoría de las lesiones de la rodilla que hasta hace unos años no era posible. Pero no solo va hasta ahí, el deportista puede volver al nivel competitivo previo a su lesión y volver a la actividad sin ningún inconveniente. Y aún mejor, se pueden realizar nuevas intervenciones en rodillas ya operadas que no tuvieron una adecuada evolución, para que estos pacientes vuelvan a tener una vida cómoda y puedan realizar otra vez su deporte favorito.

El conocimiento de la biomecánica de la rodilla y el entendimiento de las lesiones, así como el avance en técnicas quirúrgicas y de rehabilitación les han dado a los cirujanos de rodilla los argumentos necesarios para ayudar a recuperar a los deportistas sin importar el nivel. Es cuestión de tiempo para poder volver. O si no miremos en que andan Martín Palermo, Michael Owen, Radamel Falcao García, Jairo Castillo, Martín Arzuaga entre muchos otros.