Las lesiones musculares son una de las entidades más comunes en los futbolistas y los pueden alejar de las canchas durante semanas o incluso meses. Sin embargo la mayoría de los aficionados no entienden ni conocen este tipo de lesiones, como se clasifican y como se tratan. En esta edición lo explicaremos de manera sencilla.

Existen en el cuerpo humano tres tipos de músculos:

  1. El músculo liso que se encuentra en las vísceras.
  2. El músculo cardiaco que es el que tiene el corazón.
  3. El músculo esquelético que es el que nos interesa y en conjunto con los huesos y articulaciones son fundamentales en la movilidad. A diferencia de los dos primeros, el músculo esquelético es voluntario (la contracción y la relajación se controlan concientemente). El músculo se inserta en los huesos a través de los tendones, que son los que transmiten las fuerzas y permiten el movimiento.

Los músculos pueden ser lesionados por cortaduras, contusiones y desgarros. Afortunadamente en el fútbol no se ven con frecuencia las cortaduras que dependiendo de la profundidad pueden dañar una fibra por completo. En cambio las contusiones se ven con mucha frecuencia y se refieren al trauma directo o rodillazo en el muslo o pantorrila que incapacita de manera severa, porque causan un sangrado y hematoma dentro del músculo. En la calle se conoce como el típico “gato”. Y los desgarros que son el tipo de lesión más frecuente que ocurren por una sobrecarga muscular al final de las temporadas o por falta de calentamiento y estiramiento. Desde luego entre más años tenga el futbolista estará más expuesto a sufrir este tipo de lesión y tendrá menos capacidad de curación y recuperación.

El estadío previo al desgarro es la contractura muscular que se refiere a una contracción enérgica del mismo debido a un esfuerzo superior al tolerado y que produce una fuerza pasiva inversa. No hay daño en la estructura del músculo pero requiere de reposo y medios físicos para relajarlo y evitar un daño posterior. Es muy común en los músculos de la parte posterior del muslo llamados isquiotibiales. El periodo de incapacidad oscila entre 5 y 10 días, después de los cuales el deportista deberá retomar su actividad de manera progresiva.

Los desgarros ocurren como se dijo por falta de calentamiento y estiramiento, por un inadecuado entrenamiento o en deportistas con cargas excesivas. Se clasifican de la siguiente manera:

Grado I o leve: se refiere al desgarro fibrilar en el cual hay una ruptura de algunas fibras musculares.

Grado II o moderado: es el desgarro fascicular. Varias fibras musculares forman un fascículo por lo tanto es un desgarro de mayor consideración.

Grado III o severo: cuando existe una ruptura masiva del grupo muscular.

El diagnóstico se realiza inspeccionando y palpando al músculo comprometido, así como evaluando su función. Para complementar, se pueden realizar exámenes como la ecografía y/o resonancia magnética para valorar la magnitud de la lesión.

En cuanto al tratamiento para los casos leves y moderados está recomendado el reposo pero sin inmovilización ya que un yeso, una férula o un brace se ha demostrado que producen atrofia muscular y pérdida de función. Además la movilización temprana estimula la regeneración celular. Se recomiendan muletas cuando el dolor es incapacitante y se formulan Anti-inflamatorios no esteroideos

(AINEs) durante los primeros tres días. Si el dolor persiste se indican analgésicos de acción central. Se indica hielo durante las primeras 48 horas y en algunos casos como en los que hay hematomas se ordena compresión y elevación de la extremidad. Al tercer día se inicia la rehabilitación dirigida del futbolista mediante ejercicios asistidos por fisioterapeuta, se alterna el calor con el frío y se puede complementar con estimulación nerviosa eléctrica transcutánea (TENS). Se realizan estiramientos para controlar el dolor y madurar la cicatriz. Se ha demostrado que el oxígeno hiperbárico aplicado en los estadíos iniciales acelera la recuperación muscular. En algunas ocasiones cuando el hematoma persiste a pesar del tratamiento instaurado es necesario puncionarlo para drenarlo. Dependiendo de la gravedad de la lesión y la respuesta al tratamiento el deportista podrá reintegrarse a las prácticas y la actividad competitiva. No existe un periodo estipulado para la recuperación y depende exclusivamente de la capacidad del individuo, pero en general oscila entre 1 y 4 semanas.

Cuando la lesión se clasifica como grado III o severa, generalmente ocurre en la unión músculo-tendinosa y se indica manejo quirúrgico seguido de rehabilitación. El objetivo es recuperar la anatomía y la función de la extremidad. El periodo de recuperación está entre 3 y 6 meses dependiendo de la gravedad de la lesión.

Como se puede ver, la mayoría de estas lesiones deterioran considerablemente la actividad competitiva del deportista. Hoy en día los avances médicos especialmente en el campo de la traumatología deportiva nos han demostrado que se pueden prevenir si se instaura un entrenamiento adecuado e individualizado.